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jueves, 27 de octubre de 2011

Néstor

Hoy me quiero acordar del dolor y la congoja. De las tripas enredadas en la garganta de aquél feriado esperando al censista. Me quiero acordar de las lágrimas que nos sacaste y decirte gracias por todo.
Gracias hermano. Porque cuando miramos para atras , cuando podemos detenernos un rato después de todo el laburo que con amor desarrollamos en este tiempo, lo contingente deja de inundarnos y da paso a lo titánico de este proceso. No voy a reiterar todos los logros que te debemos porque muchos compañeros ya lo han hecho y de un modo mejor, el domingo pasado quedó claro que esta causa que sostenemos se ha hecho carne en el pueblo.
Lo que si voy a decirte es que el agradecimiento es eterno, que el compromiso esta sellado y que el camino se va a desandar cueste lo cueste. Estate tranquilo, que nos dejaste en manos de una conductora que va a trascender y a ella la dejaste en manos de un pueblo que la va a bancar para terminar de hacer real el sueño de la patria grande, libre, justa y soberana.
Simplemente Gracias Néstor por reconciliar al movimiento con la vía de la patria. En unas horas marcharemos a recordarte abrazándonos con todos los compañeros y lo haremos con algunas lágrimas, pero fundamentelmente con muchas sonrisas y con la alegría de sabernos cobijados por un pueblo que con el corazón ya te hizo suyo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Fechas patrias

Hoy hace 65 años el peronismo hacia su primer acto público en el Chaco. el acto fue organizado  por los trabajadores encabezados por Demetrio Sepúlveda y Omar Zamudio. Hay que destacar que los trabajadores chaqueños fueron los principales protagonistas de la provincialización de nuestro territorio, que posibilitó que los derechos políticos sean extensivos para todos. Vaya nuestro homenaje a todos ellos.

viernes, 19 de noviembre de 2010

A cajón cerrado

Me envían por mail esta nota. Esta muy buena y la quiero compartir.

por Mariano Szkolnik

La exhibición de cadáveres siempre me fue ajena. Los judíos velamos a los muertos a cajón cerrado. Siempre es así, siempre ha sido así.
Supe de ese ritual a mis 14 años, cuando falleció Victor, el padre de mi madre. Mi abuelo paterno, don Julio, mi maestro, a quien tanto le debo en esta vida y de quien tanto aprendí, me explicó en medio del dolor por esa pérdida que los judíos velábamos a los muertos de ese modo para respetarlos, para recordarlos tal y como quisiéramos recordarlos, dejando de lado la imagen de un cuerpo desposeído de todo: de su color, de su vida, y hasta de su alma. El cajón cerrado supone un ejercicio de la memoria; es el culto a la memoria antes que a la muerte. El cajón cerrado es la victoria de la vida sobre la muerte.
No hace falta ser judío para comprender esto. En sucesivos velorios a los que he asistido en mi vida, evité ver al muerto en su impúdica exposición. Recordando las palabras de mi abuelo, siempre preferí mantenerme a distancia del cajón cuando este tuviera la tapa levantada: es mi mayor muestra de respeto.
Lo que hizo Cristina es único y maravilloso: sustrajo a los buitres el cadáver de su esposo. Nos obliga a todas y todos a recordarlo en vida, en su actividad, en su humor (o mal humor). Claro, siempre es más sencillo ver el fiambre y quedarse con eso... pero la memoria es más compleja, y excede el sentido de la vista. La memoria es un hecho político y social. El alma de los muertos, en mi creencia, no se eleva hacia un séptimo cielo o una novena nube, sino que queda entre nosotros, en el recuerdo, en la memoria colectiva que la resignifica y le otorga un sentido preciso.
Cristina, al tiempo que nos entrega a un Nestor vivo, impidió que los mercaderes de la muerte publicasen el jueves 28 en su tapa la peor foto posible. Tengamos por seguro que no iban a seleccionar la foto del Nestor vital, sino que agigantarían la imagen del cadáver aún insepulto. Con un telebeam escrutarían al Nestor indefenso; lo diseccionarían en el programa de Gelblung; se lo comerían en el programa de Mirtha Legrand. De allí su odio, su teoría paranoica de que el cajón estaba vacío: Mirtha hubiera querido invitar a su mesa a Nestor Kirchner solo para deglutir su cadáver, acompañándolo con una guarnición de rúcula y arroz con azafrán, servido por una sirvienta negra (pero negra cabeza) de uniforme negro con delantal blanco, expresión degradada del lugar que le reserva a los sectores populares.
Mirtha, siempre Mirtha, irreductiblemente Mirtha, nunca podrá tragar a Nestor Kirchner, y aún ella, militante activa del odio y el olvido, deberá recordar a Nestor Kirchner en vida.
Señora Legrand: los únicos cajones que permanecen vacíos son los de los treinta mil desaparecidos. Por una vez en la vida, vieja de mierda, tenga decencia.

jueves, 21 de octubre de 2010

El Sabalero


Angelitos

Mira el marinero, que sabe del mar
todos los secretos...hasta el más profundo
puedes contestarme, si yo te pregunto
que mares navega el pequeño Amaral

No no noo nonino, angelito tan querido
no no noo nonado, angelito bien amado

Aviador, que vuelas en los infinitos
tal vez tu conozcas lo que estoy buscando
ese nido dulce de Andrea y Fernando
porque se perdieron esos hermanitos

No no noo nonito, angelitos tan juntitos
no no noo nonados, angelitos separados

Soldado valiente, cubierto de gloria
en esas batallas en que aplastaste el mal
no estaría jugando Anatole Julian
con una nenita...llamada Victoria

No no noo nonido, angelitos sin olvido
no no noo nonado, angelitos recordados

Policia, heroico guardián de la vida
tu que siempre sabes todo lo que pasa
no quieres decirme que nació en tu casa
ni donde llevastes la hija de Aida

No no noo no llores, angelita sin amores
no no noo nonita, angelita tan solita

Señor Presidente, oiga esta canción
con todas sus tropas, y sus cortesanos
no nos callaremos hasta que sepamos
donde está Mariana...donde está Simón

No no noo nanura, angelita de ternura
no no noo nonito, angelito chiquito

Y les prometemos, dormirnos cantando
esta nananina, todos los primitos
hasta que regresen, bien pronto y sanitos
a estar con nosotros...y a vivir jugando

Fernando, Andrea, Mariana, Amaral...
Anatole, Victoria, la hija de Aida y Simón

No no noo nonidos, angelitos tan queridos
no no noo nonados, angelitos esperados

Murió el Sabalero José Carbajal. Ojalá que algún día se deje de cantar esta canción

domingo, 17 de octubre de 2010

Lealtad - postales

 FELIZ DÍA COMPAÑEROS

Acabando de llegar de acto del compañero Gustavo Martínez y recordando el día en que los excluidos dejaron en evidencia que un nuevo país amanecía les dejo tres postales tres sobre lealtad:
1) Un clásico, el hermoso relato de la patria sublevada del maestro Raul Scalabrini Ortiz
2) Gran poema de Lepoldo Marchal

3) Relato de resistencia del pueblo peronista, tomado del libro de Enrique Manson: "El historiador del pueblo. José María Rosa."


El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.
Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.
Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón.
Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.
En las cosas humanas el número tiene la grandeza particular por sí mismo. En ese fenómeno majestuoso que asistía, el hombre aislado es nadie, apenas algo más que un aterido grano de sombra que asimismo se sostiene y que el impalpable viento de las horas desparrama. Pero la multitud tiene un cuerpo y un ademán de siglos. Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.
Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba así presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaron sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.
Por inusitado ensalmo, junto a mí, yo mismo dentro, encarnado en una muchedumbre clamorosa de varios cientos de miles de almas, conglomeradas en un solo ser unívoco, aislado en sí mismo, rodeado por la animadversión de los soberbios, de la fortuna, del poder y del saber, enriquecido por las delegaciones impalpable del trabajo de las selvas, de los cañaverales y de las praderas amalgamando designios adversarios, traduciendo en la firme línea de su voz conjunta su voluntad de grandeza, entrelazando en una sola aspiración simplificada la multivariedad de aspiraciones individuales, o consumiendo en la misma llama los cansancios y los desaliento personales, el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su existencia.
La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente, afirmando su derecho a implantar para sí mismo la visión del mundo que le dicta su espíritu un desnudo de tradiciones, de abusos sanguíneos, de vanidades sociales, familiares o intelectuales. Estaba allí desnudo y sólo, como la chispa de un suspiro: hijo transitorio de la tierra capaz de luminosa eternidad.

Al 17 de octubre

Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.

El mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.

De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.

El mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!

Leopoldo Marechal




El 12 de Agosto de 1963 un grupo de la Juventud Peronista se reunió en la confitería de los Dos Chinos del barrio Constitución. De ahí fueron al Museo Histórico Nacional en Parque Lezama, y golpearon la puerta, porque era fuera de horario. El portero les abrio y le dijeron que eran estudiantes de Tucumán que necesitaban entrevistarse con el director, Simón Irigoyen Iriondo. Una vez adentro, dominaron al encargado, se dirigieron a la sala que albergaba el sable corvo de San Martín, cortaron el vidrio de la vitrina, envolvieron la reliquia en una bandera y se la llevaron.
Los profanadores eran Osvaldo Cacho Agosto, Manuel Félix Gallardo, Alcídes Coco Bonaldi y Luis Sansoulet. Cumplían una misión encargada por el comando de la Juventud Peronista, integrado por Cacho El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, que emitió un comunicado que decía: "Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista".
Las condiciones para devolver el sable eran el retorno de Perón, la libertad de los presos políticos y la devolución del cadaver de Evita.


Fotos: http://www.elortiba.org/17imag.html