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jueves, 3 de noviembre de 2011

Distinta vara

Distinta vara es el nombre con que se conoce una de las secciones del programa 6, 7, 8. Es una de las herramientas de análisis más interesantes que tiene ese programa que cada vez se achata más en la autorreferencia. La técnica consiste en algo bastante sencillo: comparar circusntancias semejantes en las cuales la corpo siempre destroza a los compañeros y defiende a los opositores. aquí abajo les dejo uno de esos informes para ilustración del tema..
Ahora bien, en la última semana el diario Libre, de la editorial Perfil le dedicó una tapa y dos páginas a Florencia Peña, la talentosa actriz que ha respaldado públicamente al gobierno desde hace varios años. El asunto de la campaña difamatoria del panfleto cloacal procura instalar la mentira de que la artista, productora y protagonista de la telecomedia "Sr. y Sra. Camas" habría pagado $5.000 por una torta para festejar la presentación del programa. Aunque la actriz negó la mentira, el efecto de la misma ya se logró, instalando la idea de que se roban nuestra plata (discurso tan al agrado de los oidos de cierta clase media que piensa que son sus impuestos mantiene todo: el sistema educativo, el sanitario, la televisión pública, etc.,etc., etc.). Ante esa agresión los programas en sintonía con el gobierno salieron a defenderla y dejar en evidencia la operación de prensa en largos informes.
Simultáneamente a estas hechos en la vida patria, los mismos medios de comunicación concentrados han estado realizando una brusca campaña pública para difamar al líder de la CGT, el compañero Hugo Moyano. Para ello han utilizado centenares de páginas en las cuales se busca presentarlo como el mayor factor desestabilizador de la concordia social, aquí abajo les pego distintas noticias y opiniones publicadas en estos medios:
La lista pudiera ser interminable. No es extraño este embate desde los sectores que son voceros del empresariado que añora una etapa con una dirigencia gremial sumisa y sin capacidad de presión.
Para la labor de denigrar al dirigente sindical  camionerosiempre aparecen muchachos dispuestos desde la propia CGT. Estos son los titanes que entregaron en bandeja a los derechos laborales durante la década de los ´90: Daer, Barrionuevo, Lescano, Cavallieri, West Ocampo.
http://www.clarin.com/politica/Lescano-insiste-Moyano-fracaso_0_582541894.html
http://www.perfil.com/contenidos/2011/10/19/noticia_0010.html
http://www.clarin.com/politica/Gremios-opositores-Moyano-dentro-CGT_0_481151960.html
No obstante, este encarnizamiento, lo que queremos señalar desde estas líneas es la ausencia de una respuesta integral de amparo al lider del cegete. No es que Moyano necesite que se lo defienda, él lo sabe hace muy bien. Sin embargo, lo que es extraño es que la progresía nac&pop suele permanecer en silencio ante las constantes operaciones de prensa -hasta se llegó a decir que Néstor murió por culpa del Negro y hay imbéciles que lo repiten-. Podemos gastar cientos de páginas virtuales, de horas televisivas y radiales para defender a un artista del palo, pero poco hacemos para bancar a una sindicalista del palo. El mismo, que en los `90 estuvo en contra del neoliberalismo entreguista que los "gordos" apludían. Que supo ponerse frente al gobierno de DelaRuina y dejar en evidencia que era tan corrupto como el del Turco.
Es extraño, en el fondo parece que les cuesta dejar de lado las trayectorias clasemedieras que desconfían de la organización de los sectores obreros(que vence al tiempo, según se dice). ¿Qué cuestiones del planteo moyanista y cegeteista son los que molesta? Se puede seriamente, por caso, considerar que el salario es una ganancia!(?); se puede suponer que la participación de los obreros en el reparto del 10% de las ganancias de las empresas es un proyecto desubicado, pregunto nomás; esta mal que un líder sindical diga que el índice de inflación es mayor que lo que el gobierno reconoce.
Si el caso es que Moyano es un conductor que molesta por no confundir verticalidad con obsecuencia como hace Brienza, habrá que recordarles a los compañeros de ruta, que el principal error que podemos cometer hoy en día, cuando ya tenemos 8 años de gobierno encima, es convertirnos en alcahuetes, en personas de mirada anquilosada que esten a la espera de ver que es lo que el gobierno hace para salir a ser la claque. Le pasó a Yrigoyen, a quién le escribían un diario (que tranquilamente se podría llamar Tiempo Argentino), le pasó a Perón después de la muerte de Eva (recordemos a Tessarire como vice y su patético papel después del ´55) y nos puede pasar a nosostros si pretendemos que no haya pataleos, eso solo puede favorecer a los que están cómodos y a la espera.



jueves, 27 de octubre de 2011

Néstor

Hoy me quiero acordar del dolor y la congoja. De las tripas enredadas en la garganta de aquél feriado esperando al censista. Me quiero acordar de las lágrimas que nos sacaste y decirte gracias por todo.
Gracias hermano. Porque cuando miramos para atras , cuando podemos detenernos un rato después de todo el laburo que con amor desarrollamos en este tiempo, lo contingente deja de inundarnos y da paso a lo titánico de este proceso. No voy a reiterar todos los logros que te debemos porque muchos compañeros ya lo han hecho y de un modo mejor, el domingo pasado quedó claro que esta causa que sostenemos se ha hecho carne en el pueblo.
Lo que si voy a decirte es que el agradecimiento es eterno, que el compromiso esta sellado y que el camino se va a desandar cueste lo cueste. Estate tranquilo, que nos dejaste en manos de una conductora que va a trascender y a ella la dejaste en manos de un pueblo que la va a bancar para terminar de hacer real el sueño de la patria grande, libre, justa y soberana.
Simplemente Gracias Néstor por reconciliar al movimiento con la vía de la patria. En unas horas marcharemos a recordarte abrazándonos con todos los compañeros y lo haremos con algunas lágrimas, pero fundamentelmente con muchas sonrisas y con la alegría de sabernos cobijados por un pueblo que con el corazón ya te hizo suyo.

martes, 11 de octubre de 2011

Poniendo el corazón

La derrota siempre es inesperada para los esperanzados que buscan los cambios. Se hace tortuoso dar los primeros pasos cuando sabemos que la meta se nos ha vuelto a alejar. Este domingo el trabajo no alcanzó, reitero, el trabajo no alcanzó. Tuvimos ciertas fallas para comunicar todos nuestros proyectos y los planes de ejecución, hasta cierto microclima que no nos dejó ver el campo entero de la realidad. No obstante eso no nos debe mover un ápice en la conciencia de saber que nuestro proyecto, el proyecto del peronismo de Resistencia, es claramente superador de la cosmética anaranjada que no tuvo empacho en comprar las paredes de la miseria.
Cabe reconocer que los adversarios de turno supieron utilizar todas las herramientas para conservarse: escondieron escudo y bandera, escondieron a los impresentables de siempre y buscaron aparecer ligados al gobernador y la presidenta, instrumentaron las herramientas necesarias para confundir desde sus mensajes a muchos desprevenidos. He ahí sus logros. Hay que reconocerlos y tenerlos presentes de cara al futuro para no repetir errores. También ahí cabe señalarles sus errores a aquellos conductores que se empecinaron en bajar un mensaje confuso a la militancia y sobre todo a los votantes.
No obstante, la tristeza y las lágrimas que compañeros y compañeras derramaron este domingo nos deben convencer que la senda caminada es la correcta. En la década pasada, las clases dominentes, extasiadas en el pensamiento único reposaban tranquilas en un banquete pantangruélico suponiendo que la dignidad irredenta del peronismo se había domesticado. Razones no les faltaban, nuestros dirigentes se regodeaban en abrazos con los fusiladores, ponían el gancho -espuriamente- para dejar al olvido decretado, vendían a precio vil la riqueza de la nación y se sentaban a conducir los programas televisivos de los eternos enemigos de la patria. Mientras, aquellos que no olvidaban la dignidad de las banderas mansilladas salían a las calles -ignorados por al telepolítica- para decir que el mercado nos estaba pulverizando material y moralmente. Esa memoria que los cuerpos descamisados que resistían a la traición permitió que desde el 2003 el peronismo alumbre otra esperanza y se reconcilie con el sueño de la patria.
En nuestro pago chico sufríamos la humillación del gran soberbio, que a tono con los traidores, vendía a precio vil millones de hectáreas de nuestra tierra, al mismo tiempo que imponía hacia el interior de una sociedad que se empobrecía a cada paso, la humillación de tener que postrarse para recibir la dádiva del gran benefactor o les dejaba las luces prendidas por toda la noche para que los hambrientos del interior del interior no puedan siquiera descansar cuando se acercaban a la capital,con aires de moderna y europea, a reclamar por lo suyo y los suyos. Esos mismos señores arrodillaban la justicia para que en esta tierra nadie sepa, nadie escuche y nadie vea. Los cómplices para esa tarea estaban prestos, desde las editoriales semanales pontificaban sobre realidades que solo el dinero de la pauta podría crear. Esos mismos son quienes se niegan a que los cambios necesarios se produzcan, son los guardianes de los salones con ilustres apellidos de asesinos de gauchos, indios y hermanos paraguayos. A esos que parece que muchos, hasta el día de hoy les tienen miedo cuando bajan la pluma y se escudan en falsos consensos que no contemplan la voz de los vencidos.
Al mismo tiempo nos encontrabamos sin una brújula que nos marque el norte, con un partido fragmentado luego de la muerte de sus mayores conductores. El partido ni luz tenía si no fuera por las artes non sanctas del Gallego para colgarse del cable. En ese contexto emergió la figura de un militante que supo poner la cara por los humildes, que los organizó. Ese es el pecado que unos y otros no le perdonan. Los unos porque se sienten cómodos con los sillones del peronismo domesticado, como el tigre viejo de la canción de Moris, porque creen -los necios-  que la imagen es lo importante y no las personas. los otros porque les da pena los pobres, son esos que se golpean el pecho diciendo "pobrecitos los pobres" y van a comulgar, pero que les entra un estado de pánico y rencor cuando los pobres se organizan, porque a los pabres hay que darles caridad y no justicia.
Y el peronismo ha hecho eso en todos estos años de la mano de un joven militante, que por doctrinario sabe que la organización vence al tiempo. Por esas razaones, porque no nos averguenzan los periféricos y desclasados, porque sentimos en nosotros las humillaciones de quienes sufren un estado de cosas que es sumamente injusto, es que seguiremos batallando día a día para logar la felicidad de ese pueblo, sabiendo que el camino es largo, como el Paraná, con sus tramos remansos y sus remolinos intempestuosos. Por esa razón seguiremos orgullosos del peronismo de Resistencia y bancaremos a sus conductores. Así de simple.

sábado, 11 de junio de 2011

Martires y verdugos




Estos son dos de los documentos históricos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Cada compañero debiera hacer el esfuerzo de leerlos para tener conciencia de lo que se juega la patria a cada instante cuando el movimiento nacional es atacado. También son testimonios imprescindibles para ver la calidad de tipos que se pusieron al servicio del pueblo y entregaron todo sin pedir nada en estas horas en que se bastardea a otras compañeras desde las páginas canallas de los eternos cómplices de la entrega, la muerte y la mentira. Nosotros quisimos simplemente tener héroes, ellos los hicieron mártires al tiempo que se hacían verdugos.



“Querida mía:
Con más sangre se ahogan los gritos de libertad. He sacrificado toda mi vida para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia.
Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria.
Cuida mucha a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo les he pedido que te ayuden.
Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre. Despídeme de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo. Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos.
Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad. Solo pienso, que no terminamos nuestra obra en común: la felicidad de nuestra querida hija. A ti te queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes hacer frente a la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé muchas.
No me dan tiempo ni siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo envío. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de todo lo que es humano.
Mi viejita, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo. Adiós mi amor”.
Juan José




Carta del General Valle al General Aramburu antes de ser fusilado


Buenos Aires, 12 de junio de 1956

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mi bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez mas su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus lágrimas verán en mi un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen o les besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados.
Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos, sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 por ciento de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método solo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así como nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.

Viva la Patria.
Juan José Valle
Buenos Aires, 12 de junio de 1956

viernes, 19 de noviembre de 2010

A cajón cerrado

Me envían por mail esta nota. Esta muy buena y la quiero compartir.

por Mariano Szkolnik

La exhibición de cadáveres siempre me fue ajena. Los judíos velamos a los muertos a cajón cerrado. Siempre es así, siempre ha sido así.
Supe de ese ritual a mis 14 años, cuando falleció Victor, el padre de mi madre. Mi abuelo paterno, don Julio, mi maestro, a quien tanto le debo en esta vida y de quien tanto aprendí, me explicó en medio del dolor por esa pérdida que los judíos velábamos a los muertos de ese modo para respetarlos, para recordarlos tal y como quisiéramos recordarlos, dejando de lado la imagen de un cuerpo desposeído de todo: de su color, de su vida, y hasta de su alma. El cajón cerrado supone un ejercicio de la memoria; es el culto a la memoria antes que a la muerte. El cajón cerrado es la victoria de la vida sobre la muerte.
No hace falta ser judío para comprender esto. En sucesivos velorios a los que he asistido en mi vida, evité ver al muerto en su impúdica exposición. Recordando las palabras de mi abuelo, siempre preferí mantenerme a distancia del cajón cuando este tuviera la tapa levantada: es mi mayor muestra de respeto.
Lo que hizo Cristina es único y maravilloso: sustrajo a los buitres el cadáver de su esposo. Nos obliga a todas y todos a recordarlo en vida, en su actividad, en su humor (o mal humor). Claro, siempre es más sencillo ver el fiambre y quedarse con eso... pero la memoria es más compleja, y excede el sentido de la vista. La memoria es un hecho político y social. El alma de los muertos, en mi creencia, no se eleva hacia un séptimo cielo o una novena nube, sino que queda entre nosotros, en el recuerdo, en la memoria colectiva que la resignifica y le otorga un sentido preciso.
Cristina, al tiempo que nos entrega a un Nestor vivo, impidió que los mercaderes de la muerte publicasen el jueves 28 en su tapa la peor foto posible. Tengamos por seguro que no iban a seleccionar la foto del Nestor vital, sino que agigantarían la imagen del cadáver aún insepulto. Con un telebeam escrutarían al Nestor indefenso; lo diseccionarían en el programa de Gelblung; se lo comerían en el programa de Mirtha Legrand. De allí su odio, su teoría paranoica de que el cajón estaba vacío: Mirtha hubiera querido invitar a su mesa a Nestor Kirchner solo para deglutir su cadáver, acompañándolo con una guarnición de rúcula y arroz con azafrán, servido por una sirvienta negra (pero negra cabeza) de uniforme negro con delantal blanco, expresión degradada del lugar que le reserva a los sectores populares.
Mirtha, siempre Mirtha, irreductiblemente Mirtha, nunca podrá tragar a Nestor Kirchner, y aún ella, militante activa del odio y el olvido, deberá recordar a Nestor Kirchner en vida.
Señora Legrand: los únicos cajones que permanecen vacíos son los de los treinta mil desaparecidos. Por una vez en la vida, vieja de mierda, tenga decencia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sobre la militancia y la juventud

Estrategias de la lucha por la liberación nacional y la justicia social (Fragmentos)

Por Arturo Jauretche

 

       “Creo que se atribuye a Mirabeau una frase que ha hecho carrera: “La Revolución es como Saturno que devora a sus hijos”. La frase es bella pero inexacta: La Revolución devora a sus padres, los precursores.

       Los precursores de toda Revolución, pese a sus divergencias con el sistema que combaten,  son hijos de su época y, como tales, no pueden desafiliarse totalmente de ella; de sus escalas de valores, su estilo, su estética y su ética. Ocurre que cuando el hecho revolucionario se produce, a la par de los frutos esperados aparecen otros menores y sorprendentes. El viejo revolucionario se encuentra enfrentando ha hechos que no estaban en sus previsiones; vuélvese díscolo, y termina por ser sustituido por promociones nuevas que se adecuan más fácilmente al intervalo penumbroso que hay entre la perención de los viejos “modos” y la definición de los nuevos. Es hora de audaces e improvisadores; entre éstos los hay de buena fe y los que sólo son pescadores de río revuelto y desaprensivos aprovechadores. Las nuevas condiciones que derogan el orden habitual del mérito y la fortuna, están llenos de sorpresas.

       La revolución, así sea pacífica, no es como la inauguración de una casa bien pintada y con jardín al frente. Por el contrario, está terminado el comedor y falta el cuarto de baño, la mezcla anda derramada por el suelo y se choca en todas partes con baldes y escaleras; es el momento en que el viejo revolucionario empieza a preguntarse si no era mejor la casa vieja  que con todos sus defectos respondía a los hábitos adquiridos. Es aquí donde el viejo revolucionario debe recurrir a la filosofía y a sus conocimientos de la historia, para resignarse a ser un espectador donde creyó ser un actor de primera fila.

       Su actitud de ese momento es la prueba de fuego; ella nos dice si el luchador estaba en lo profundo de los acontecimientos que reclamaba o sólo en lo superficial, pues debe resignarse al drama del silencio, tironeando entre lo que ve que anda mal, y el mal que hará al proceso que contribuyó a crear si lo combate, pues pronto es arrastrado a la posición de sus adversarios irreductibles. Error éste irreparable, por que una cosa son las criticas a las imperfecciones del proceso y otra el plan revanchista de los vencidos por la historia. En ese momento está en riesgo de negarse a sí mismo y convertirse en instrumento de la contrarrevolución antinacional, como ha sucedido a muchos en la reciente ocasión.

 

       Digo con esto que mi conciencia sobre la clave de los problemas de nuestro país, como las de todos de mi generación que la han tenido, tuvo que hacerse por propia experiencia, en correcciones constantes y en modestos aprendizajes de todos los días; y es cierto, además, que hemos aprendido de los simples y humildes mucho más que de los infatuados y poderosos. Esa conciencia me puso al servicio de la liberación de mi país, causa que no e abandonado nunca, y a la que serví en el libro, en la prensa, en la acción política y con las armas en la mano, con muchos más exilios y prisiones que momentos fáciles en los 35 años que llevo de militancia.[1] De tal manera mi actuación en la política militante no ha estado regida por la adhesión a hombre alguno ni a ninguna estructura partidaria, sino en la medida que éstos han sido instrumentos de esa causa. Eso sí, no e tenido el prurito de la perfección, ese narcisismo de los teorizadores que los inhibe de la acción por no contaminarse con los errores de los partidos: el deber político de un luchador es servir las grandes líneas de su pensamiento, despreciando lo incidental y aceptando las consecuencias inevitables de toda acción constructiva. Es así como en cada etapa de la vida nacional he combatido por quien o quienes eran más capaces de acercarse concretamente a la realización de la empresa, sin buscar pelos en la leche y exigir perfecciones imposibles.(...)

       Con esto quiero dejar establecido que puedo tratar estos temas por encima de la posición de hombre de partido, sin negar el mío, que lo tengo y lo reivindico con orgullo, evitando las militancias cortas, para ver el país desde una perspectiva general. Desde esa perspectiva se percibe claramente que existe un movimiento nacional mucho más amplio que las designaciones partidarias, que establecen diferencias de matiz y programáticas, pero que presuponen el supuesto básico de un pensamiento fundamental común. Este es el movimiento de lo nacional, opuesto a la extranjería; el que cree en una Argentina con destino propio y soluciones propias en lo económico y en lo social, con todas sus implicancias culturales y políticas. Movimiento que abarca al grueso de la población argentina, en algunos de cuyos sectores predomina la preocupación por lo social, como en otros la preocupación por lo político o lo nacional, pero conteniendo, todos en común, un mínimo programa de soberanía política, de liberación económica y de justicia social, como demandas inseparables del ser argentino. Este movimiento, predominando en unos sectores los elementos de clase media y burguesía y en otros la base proletaria, constituye en su conjunto la reserva defensiva del país y la parte infinitamente más numerosa de la ciudadanía.


         “El movimiento de 1945 reunía las condiciones ideales de un movimiento de liberación nacional. La lucha por la emancipación y la justicia social no la pueden hacer por separado las distintas clases sociales. Más aún, el enfrentamiento de las clases es una de las técnicas más eficazmente usada por la política británica, como enfrentó a musulmanes y brahmanes en la India, y ahora en Chipre a turcos y griegos. Y esta ha sido la colaboración permanente de un tipo de político y escritor “izquierdista” que hemos venido señalando. La revolución proletaria como instrumento de la realización nacional hace mucho que fue abandonada por todos los movimientos nacionales. Es un tema agotado en la estrategia de esa lucha  y bastará recordar la vieja polémica entre apristas y comunistas, en el Perú, y comprobar cómo estos últimos han abandonado su posición de entonces en cuanto las exigencias concretas de la realidad han demandado una acción eficaz. Pretender instrumentar la lucha nacional en ese planteo es una puerilidad de tipo anarcoide.(...)
       El programa del movimiento fue, entonces, como lo es ahora, establecer la justicia social en progresión ascendente con el desarrollo económico logrado a medida que la liberación nacional va creando las condiciones de producción y distribución de la riqueza impedidas en nuestro país por los factores antiprogresistas de la estructura imperial. Es decir, lograr los más altos niveles sociales dentro del mundo a que pertenecemos, tal como las condiciones nacionales lo permiten en cuanto se remueven los obstáculos a nuestro desarrollo y dirigir los beneficios de ese progreso en el sentido de la sociedad y no solamente de los individuos colocados en situación privilegiada. 


[1] La primera edición de este libro es de 1957.

domingo, 17 de octubre de 2010

17 de Octubre

Me acaban de llegar estas hermosas palabras del compañero JUan Martín Alvarado y no quiero ser mezquino de quedármelas solo para mí, asi que las comparto. Un gran abrazo y feliz día.


17 de octubre
Habían pasado ciento cuarenta años desde que Artigas privilegiara a los más infelices, habían pasado ciento treinta años desde que avanzáramos a paso de vencedores en Ayacucho, habían pasado ochenta años desde que en Pavón sufriéramos una dura derrota, habían pasado setenta años desde que el Paraguay fuera sometido a la ruina para que flameara en toda Sur América la bandera del libre comercio, habían pasado treinta y cinco años del centenario egoísta con patrones ostentosos y peones de pata al suelo, habían pasado treinta años desde que la chusma radical de Yirigoyen obligara a la aristocracia terrateniente a compartir las ganancias del “granero del mundo”, había pasado una década infame en que la Sociedad Rural entrelazara, a punta de pistola, sus sórdidos intereses con los del país y nos sometiera a la humillación del “Estatuto Legal del Coloniaje”.
Habían pasado casi dos años desde que un coronel del ejército argentino se hiciera cargo de la dirección de trabajo y comenzara a dignificar a los trabajadores de una manera muy sencilla, considerándolos iguales. Habían pasado unos días desde que circulara la noticia que dicho coronel estaba preso en Martín García. La dirigencia gremial declaró una huelga para el 18 de octubre, el pueblo se adelantó.
Tuvo que pasar más de un siglo para que la historia argentina pudiera escribirse sin exclusiones. En la jornada maravillosa del 17 de octubre de 1945 los más humildes tuvieron su día de gloria, la lucha llevó generaciones, nada les fue regalado. Hombres, mujeres y niños marcharon desde diferentes rincones de la Patria para reclamar por su presente y su futuro, generoso y solidario. Llegaron a la histórica plaza, sonriendo, cantando y pidiendo por un hombre que los aglutinaba.
No había odio, ni resentimiento en esos hombres y mujeres de manos curtidas y risa franca, sino una clara conciencia de sus intereses y la confianza en ese coronel que los había defendido como si fuera uno de ellos, luego lo declararían el primero. Sus patrones ayudaron al decirles burlonamente que el feriado del 12 de octubre se lo fueran a cobrar a él. Así lo hicieron y el 18 de octubre se festejó San Perón. Marechal, Rosa, Jauretche, Scalabrini Ortíz entre otros, han descripto aquél día célebre para que nosotros podamos atisbar esa inmensa alegría colectiva. Los humildes ingresaron a la historia para siempre y procuraron escribirla para todos. Tuvieron que inventar, siguiendo la enseñanza de Simón Rodríguez, porque en aquella Argentina, pensada para las vacas y sus dueños, estaba todo por hacerse. Lo hicieron de la mejor manera posible, y tan mal no les fue porque hasta hoy vemos aquellos días como un paraíso perdido. Habían esperado ciento cuarenta años para plasmar su ideal de nación, una comunidad de intereses donde la riqueza no se medía por las exportaciones sino por lo que consumían sus habitantes. Fuimos socialmente justos, económicamente independientes y políticamente soberanos.
Los propietarios de la información y la opinión publicada, los partidos tradicionales, las corporaciones económicas, los doctores universitarios, demócratas y republicanos abstractos recurrieron a la calumnia y la mentira para analizarla. Perón era para ellos un dictador, un nazi y la movilización había sido organizada por la policía y la secretaría de trabajo que reclutó a la hez de la sociedad, al lumpenproletariat. Era la versión de la Argentina “vieja”, y la “nueva” estaba cansada de escuchar sus mentiras, o mejor aún, nunca las habían escuchado.
Hoy sabemos que la Argentina “vieja”, “pequeña”, la de los “argentinos finales” al decir de Marechal, no se resignó a perder el poder que había ostentado de manera injusta durante tanto tiempo. Sabemos, y nos duele recordarlo, todo el sufrimiento que costó a nuestro país su mezquina porfía desde 1955 al 2001. Hasta nuestro propio movimiento fue cooptado, durante la segunda década infame. Pero el mismo pueblo que nos salvó de la ignominia en la recordada jornada de octubre, nos permitió recuperar la senda que nunca debimos abandonar: la de nuestras tres banderas.
Hay hoy todavía “argentinos finales” que siguen trabajando con su aceitada maquinaria mediática. Desde la madrugada a la noche esgrimen la “sabia organización de la ignorancia”. Esa que les ha permitido durar tanto tiempo, pero ya se termina su mentira. La ley de medios, dejará escuchar todas las voces y los humildes no tienen nada que esconder sobre las injusticias aquí cometidas. Tienen, sí, mucho para contar sobres sus esfuerzos seculares y pueden mostrar con orgullo las mejores páginas de nuestra historia, que sin lugar a dudas se las debemos a ellos. Nuestro gobierno se esfuerza a diario para estar a su altura, nosotros como peronistas debemos ayudarlo y “combatir alegremente”. Si hacemos las cosas bien, como las venimos haciendo, en el futuro ya no importará nuestro signo partidario, seremos todos “argentinos nuevos” de una Argentina Grande, en una América Latina Grande y habremos honrado a aquellos hombres y mujeres que ingresaron a la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945 cantando y sonriendo para que todos seamos felices en este, nuestro suelo.


Agrupación Juan Pueblo
Secretaría de Formación.
Junta Local.Partido Justicialista.

Lealtad - postales

 FELIZ DÍA COMPAÑEROS

Acabando de llegar de acto del compañero Gustavo Martínez y recordando el día en que los excluidos dejaron en evidencia que un nuevo país amanecía les dejo tres postales tres sobre lealtad:
1) Un clásico, el hermoso relato de la patria sublevada del maestro Raul Scalabrini Ortiz
2) Gran poema de Lepoldo Marchal

3) Relato de resistencia del pueblo peronista, tomado del libro de Enrique Manson: "El historiador del pueblo. José María Rosa."


El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.
Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.
Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón.
Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.
En las cosas humanas el número tiene la grandeza particular por sí mismo. En ese fenómeno majestuoso que asistía, el hombre aislado es nadie, apenas algo más que un aterido grano de sombra que asimismo se sostiene y que el impalpable viento de las horas desparrama. Pero la multitud tiene un cuerpo y un ademán de siglos. Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.
Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba así presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaron sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.
Por inusitado ensalmo, junto a mí, yo mismo dentro, encarnado en una muchedumbre clamorosa de varios cientos de miles de almas, conglomeradas en un solo ser unívoco, aislado en sí mismo, rodeado por la animadversión de los soberbios, de la fortuna, del poder y del saber, enriquecido por las delegaciones impalpable del trabajo de las selvas, de los cañaverales y de las praderas amalgamando designios adversarios, traduciendo en la firme línea de su voz conjunta su voluntad de grandeza, entrelazando en una sola aspiración simplificada la multivariedad de aspiraciones individuales, o consumiendo en la misma llama los cansancios y los desaliento personales, el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su existencia.
La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente, afirmando su derecho a implantar para sí mismo la visión del mundo que le dicta su espíritu un desnudo de tradiciones, de abusos sanguíneos, de vanidades sociales, familiares o intelectuales. Estaba allí desnudo y sólo, como la chispa de un suspiro: hijo transitorio de la tierra capaz de luminosa eternidad.

Al 17 de octubre

Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.

El mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.

De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.

El mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!

Leopoldo Marechal




El 12 de Agosto de 1963 un grupo de la Juventud Peronista se reunió en la confitería de los Dos Chinos del barrio Constitución. De ahí fueron al Museo Histórico Nacional en Parque Lezama, y golpearon la puerta, porque era fuera de horario. El portero les abrio y le dijeron que eran estudiantes de Tucumán que necesitaban entrevistarse con el director, Simón Irigoyen Iriondo. Una vez adentro, dominaron al encargado, se dirigieron a la sala que albergaba el sable corvo de San Martín, cortaron el vidrio de la vitrina, envolvieron la reliquia en una bandera y se la llevaron.
Los profanadores eran Osvaldo Cacho Agosto, Manuel Félix Gallardo, Alcídes Coco Bonaldi y Luis Sansoulet. Cumplían una misión encargada por el comando de la Juventud Peronista, integrado por Cacho El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, que emitió un comunicado que decía: "Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud Peronista".
Las condiciones para devolver el sable eran el retorno de Perón, la libertad de los presos políticos y la devolución del cadaver de Evita.


Fotos: http://www.elortiba.org/17imag.html